De la listas de sinónimos que el lector nunca verá y otros demonios

De la listas de sinónimos que el lector nunca verá y otros demonios

Planear un libro es como trazar el mapa de un lugar que aún no existe, con el riesgo de que los caminos que dibujes no te lleven a ninguna parte. Empieza con una idea, a veces clara como un puñetazo, a veces nebulosa como el recuerdo de un sueño que no terminas de entender. La idea es la chispa, pero no basta. Tienes que darle forma, arrastrarla al papel o a la pantalla, aunque se retuerza como una serpiente colérica.

Luego vienen las preguntas, que son el verdadero motor. ¿De qué va esto? ¿Quién habla? ¿A quién le importa? ¿Qué pasa si cambio el "qué" por un "por qué"? Empiezas a hacer listas, diagramas, a construir personajes que, si todo va bien, acabarán ignorándote.

Los personajes son los inquilinos incómodos de tu cabeza, y al principio te los imaginas perfectos, pero en el fondo sabes que van a salir con todas sus manías, sus traumas y sus silencios incómodos. Y está bien, porque un buen personaje es más interesante por lo que oculta que por lo que muestra.

Después viene el esquema, si es que eres de esas que esquematizan. Divides capítulos, anotas escenas clave, juegas con el ritmo, como si estuvieras diseñando una montaña rusa para que el lector grite en los momentos exactos. Pero el esquema es una trampa, porque cuando te pones a escribir, algo se va a desmoronar. Y si no se desmorona, probablemente no estás arriesgando lo suficiente.

La planificación incluye investigar: leer libros, artículos, ensayos, escuchar conversaciones ajenas en cafeterías o en el metro, todo con el pretexto de que es "para la novela". También incluye decidir el tono, el estilo, el ritmo de las frases. Y preguntarte mil veces si estás haciendo todo esto por amor a la historia o porque necesitas demostrarte algo. Spoiler: es por ambas cosas.

Por último, está la parte más extraña de la planificación: dejar huecos. Porque un libro que se planifica hasta el último detalle está muerto antes de nacer. Los huecos son las puertas por las que se cuela lo inesperado, esas ideas, frases o giros que no estaban en el guion pero que, cuando llegan, hacen que todo cobre sentido.

Planear un libro es un acto de fe, de arrogancia, de locura.

Pero sobre todo, es una promesa que te haces a ti misma: la de llegar al final, aunque el camino sea completamente distinto al que habías dibujado.

Carol Búho
Carol Búho
05 May, 2026
Carol Búho
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Escribo historias de amor para villanas

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